lunes, 31 de agosto de 2009

Comunicaciones y política.


Las sociedades modernas se caracterizan por un alto desarrollo, sofisticación y cobertura de las comunicaciones y de las tecnologías de la información, que cada día imponen a las relaciones tanto personales como colectivas, mayores posibilidades y alcances. Sin duda el debate político en particular durante esta campaña presidencial, ha estado altamente determinado por la profundización de este fenómeno y en parte de manera negativa, especialmente cuando constatamos los altos niveles de mediatización de nuestra sociedad, al punto de que mediante esta, se termina por construir nuevas realidades, anulando a través de la confianza ciega que le profesan sectores importantes del país a los distintos medios, la capacidad de procesar y asimilar la información. Lo anterior no seria tan preocupante, de no existir simultáneamente una concentración excesiva de los medios de comunicación, en manos de un sector política, ideológica y culturalmente representado en la derecha chilena.

Por ello es que resulta particularmente curiosa la efectividad de la estrategia comunicacional desplegada por MEO, y la acogida que esta ha encontrado especialmente en los medios mas comprometidos con la institucionalidad que él plantea transformar, lo que es un dato relevante para entender a quien le sirve la candidatura del diputado. La victimización constante, el oportunismo, el ataque permanente, la descalificación grosera y odiosa, se han constituido en los grandes “recursos” comunicacionales, que han dado sentido a su propuesta de “renovación”. Lo lamentable de esto es la recepción que este mensaje encuentra en un sector nada despreciable de la población y que de una u otra forma pretende a través del desenfado y la virulencia, visibilizar su descontento con la política y con quienes representan a sus formas más tradicionales, particularmente en la Concertación.

La formula escogida por la derecha, tiene muchos puntos en común con la de MEO y en cierto modo es posible evidenciar una cierta complementariedad entre ambas, donde aparentemente hay una organización en la aleatoriedad de los ataques al candidato de la Concertación, inclusive haciendo uso de los mismo tópicos, como el caso del indulto al narcotraficante. La diferencia está, en que es más hábil en entender quien es su verdadera competencia, concentrando sus esfuerzos en ella, al mismo tiempo que deja entrever una abierta simpatía por la candidatura de MEO, lo que contribuye a aumentar la presión sobre la candidatura de Eduardo Frei.

Un punto distintivo si, es la majadería en la utilización de los conceptos de alternancia, cambio, como así también las ya archi conocidas frases que el candidato pronuncia, en cada una de sus intervenciones, como la del trapecista, la puerta giratoria, etc. Se suma a esto afirmaciones demagógicas y populistas, que plantean la generación de 1 millón de empleos, un crecimiento económico de un 6%, terminar con la pobreza y los campamentos, terminar con la delincuencia, etc, y todo esto sin tocar la estructura tributaria del país, la constitución y la legislación laboral. Con esto no solo miente descaradamente, sino que subestima la capacidad de la ciudadanía para determinar la viabilidad de tales propuestas.

Estas situaciones, junto al empeño que los medios han puesto en relevar los episodios conflictivos, las caricaturas, el comidillo político; donde la cobertura comunicacional es posible en la medida que se lanza una frase estridente, ha transformado a este proceso electoral mas en una exposición de las dotes histriónicas y la capacidad mediática de los candidatos, caracterizada por la inmediatez y volatilidad de su discurso, que en la presentación de un programa para gobernar a una Nación que pretende avanzar hacia el desarrollo.

Punto aparte es la estrategia de la Concertación, que ha optado mas por el dialogo directo con la comunidad, que entrar al terreno de la puesta en escena, las performance y la frase para el bronce, sin embargo esto ha reducido la presencia de Frei en los medios, lo que se constata en los estudios al respecto, donde no solo esta teniendo menor cobertura, sino que en base al criterio “favorable” o “desfavorable”, para calificar el tratamiento que recibe de los medios, se evidencia también un trato preferencial tanto para MEO, como para Piñera.

Frente a esta desventaja objetiva, que a medida que entramos en tierra derecha de la campaña se agudizara más, con el insuperable despliegue de recursos económicos que la derecha realizara para copar todos los medios posibles, la única posibilidad existente para comunicar de manera efectiva e inequívoca un proyecto transformador y progresista, es recuperar la mística y la épica, hacerla transmisible y reducir los errores y descoordinaciones que se han generado, además de redoblar los esfuerzos en materia territorial.

Una tarea para el próximo gobierno concertacionista, necesariamente debe ser la democratización y desconcentración de los medios de comunicación, en lo inmediato modificar los criterios del avisaje estatal, que actualmente en el caso de la prensa escrita benefician al duopolio del Mercurio y Copesa, que concentran mas del 85% del avisaje, además de aprovechar la oportunidad que hay en la entrada de la televisión digital, para diversificar y aumentar los medios televisivos, de manera que se represente el conjunto de las visiones hoy no contenidas en el actual sistema, especialmente aquellas iniciativas a nivel comunitario.

Estas medidas entre otras mas, son fundamentales para la profundización de la democracia y para la generación de un contrapeso a un modelo hegemónico que intenta homogeneizar la sociedad, generando sujetos y conductas funcionales a la mantención de un sistema concentrador de la riqueza, basado en el individualismo, exitismo, apatía y la carencia de ideas y proyecciones colectivas de futuro, ni MEO y mucho menos Piñera representan este desafío, es más profitán de este vaciamiento valórico y de contenidos y se ajustan a él a través de sus respectivas estrategias comunicacionales y su marketeria demagoga.

Vicente Ancaluán Beltrán.

Militante Juventud Socialista.

jueves, 20 de agosto de 2009

Declaración pública JS. Conflicto Mapuche.


JUVENTUD SOCIALISTA DE CHILE.
REGION DEL BIO BIO.


Frente al recrudecimiento del conflicto Mapuche, en las provincias de Arauco y Malleco, que tuvieron como consecuencia la muerte de un nuevo comunero Mapuche, los Jóvenes Socialistas de la región del Bio Bio, declaramos lo siguiente:

1. Condenamos el asesinato de Jaime Mendoza Collio, por parte de Carabineros y exigimos a la luz de los nuevos antecedentes proporcionados por las investigaciones, la aplicación rigurosa de la legislación existente a los responsables. Junto con reprobar este asesinato, solidarizamos con el dolor de su familia y esperamos que además de las sanciones pertinentes se repare el grave daño generado.

2. En cuanto al conflicto, rechazamos el clima de violencia que se ha instalado en la zona, consideramos fundamental el dialogo y la apertura necesaria para enfrentar un tema que reviste importancia nacional, como lo es la solución de las demandas históricas del pueblo Mapuche.

3. Objetamos la política de contención que ha implementado el gobierno frente a esta materia, la que se expresa en la militarización de las zonas en conflicto, la que junto con poner a carabineros como guardianes de los intereses de una de las partes en conflicto, se transforma en una abierta provocación hacia las comunidades Mapuche.

4. De la misma forma consideramos errónea la orientación criminalizadora, con la que el ejecutivo, el parlamento y el poder judicial han enfrentado este tema, en consecuencia rechazamos la invocación de leyes dictatoriales como la ley 12.927 de Seguridad Interior del Estado y la ley 18.314 Antiterrorista, cuya aplicación en temas de carácter étnico han sido ampliamente rechazadas por los organismos internacionales.

Como Juventud Socialista esperamos que se genere la capacidad de dialogo suficiente, que permita enfrentar este conflicto de manera integral, lo que pasa necesariamente por el reconocimiento del Estado, de las legitimas reivindicaciones del pueblo Mapuche en torno a las demandas Territoriales, Culturales y de Autodeterminación, además de la generación de un clima que propicie este dialogo, en este sentido emplazamos a nuestro gobierno, sobre la necesaria desmilitarización de esta zona, el fin de la criminalización de la que son objeto las comunidades en conflicto, además del esfuerzo denodado de todos los actores Mapuches y no Mapuches, para posibilitar tal instancia.

Creemos que solo de esta forma como sociedad, avanzaremos de manera eficaz hacia el reconocimiento, integración y pleno respeto de los derechos de nuestros pueblos originarios y en particular del pueblo Mapuche.


Comité Regional Bio Bio.

Concepción, 17 de agosto, 2009.-

jueves, 25 de junio de 2009

En la UCSC, triunfaran los estudiantes…


Parafraseando a Marx en su antológico enunciado sobre el fantasma que recorre Europa, un fantasma similar es el que recorre las aulas de la UCSC, claro que en este caso el fantasma es mas bien pluripartidista, no es solo el comunismo el que transita sus pasillos y corredores, sino una amplia convergencia de sectores estudiantiles, que teñiran de nuevos e intensos colores la universidad.

Las elección 2009 de la Federación de estudiantes, (FEUCSC.) no solo ha permitido reinstalar en la universidad y sus estudiantes el debate respecto de la participación estudiantil, un programa federativo y de la educación superior y publica en general, también ha facilitado el contraste de dos visiones sino antagónicas, al menos diferentes radicalmente, en como concebir la organización que debe representar los intereses de los estudiantes en su especificidad y en su generalidad como parte de un entramado social mas amplio y heterogéneo. Este dilema esta a punto de resolverse a favor de aquellos que sostenemos que la participación estudiantil y el fortalecimiento de su institucionalidad es fundamental y se logra mediante la legitimidad que le confiere una acción eficiente desde el punto de vista de la gestión, coherente desde el respeto de sus principios y democrática como expresión de una mayoría.

Para contextualizar, es necesario señalar que la UCSC, siendo una Universidad de carácter confesional, aloja en sus aulas a una variada gama de estudiantes, los que no necesariamente se representan plenamente en las visiones sustentadas por esta respetable institución, sin embargo esta diversidad por las características propias de la Universidad, no ha resultado en la emergencia de organizaciones mas allá de las propiamente estudiantiles, tal cual acontece en la UBB, o en la UdeC, donde la variedad de organizaciones, van desde aquellos que promueven la despenalización del consumo de mariguana, pasando por las religiosas, llegando incluso a complejísimas orgánicas políticas juveniles. Esta carencia que se sitúa también en la esfera de la participación política en la universidad, ha sido usufructuada y profundizada por un sector muy particular, el que sin el ánimo de simplificar en un concepto, denominamos la ultraizquierda o Monos.

Durante los últimos años, de manera ininterrumpida, distintas expresiones de la ultra, han conducido los distintos procesos federativos en la UCSC, entre ellos el sector más reconocido es el FEL, quienes en solitario, o con independientes u otros sectores afines, hasta ahora habían podido no sin dificultades mantener la conducción de la federación, si bien desde el punto de vista electoral siempre es un éxito triunfar, en varias ocasiones esto fue posible solo a través del uso grosero de practicas solo comparables al cohecho existente en la primera mitad del siglo pasado, o mediante la utilización de un discurso esquizofrénicamente apolítico y del terror contra quienes de manera legitima expresan orgánicamente sus sensibilidades políticas.

En cuanto a la conducción que le han dado a la Federación, esta ha sido profundamente inorgánica, antidemocrática e ineficiente, a tal punto que se ha generado entre los estudiantes de la Universidad una perdida progresiva del sentido de pertenencia, participación y de legitimidad de este espacio de representación estudiantil, frente a esta situación uno podría señalar como causas; su incapacidad congénita, casi como un genoma que impide puedan implementar un programa federativo capaz de hacerse cargo de las necesidades de los estudiantes y la proyección de sus ideas y propuestas sobre el sistema educativo tanto entre la comunidad estudiantil, como en el resto de la sociedad y como segunda causa y talvez determinante, su falta de tolerancia y su enorme desprecio por la democracia, la participación organizada y de sus mecanismos de representación que la hagan efectiva.

Lo anterior determina y explica la actitud con que estos sectores han enfrentado el proceso de elecciones de Federación 2009, que ante la imposibilidad de generar una lista competitiva, capaz de vencer a la lista “A” que reúne a independientes de izquierda, democratacristianos, comunistas, radicales y socialistas, en una lista amplia, democrática y progresista, utilizaron todas las herramientas para poder obstaculizar el proceso, lo que garantizara que no se cumpliera el Quórum y con ello que fuese el Consejo de presidentes que asumiera la conducción de la Federación y por tanto que mantuviesen secuestrada literalmente a este espacio, como una verdadera trinchera para sus lógicas que no son mas que el resultado de un profundo proceso de descomposición ideológica y orgánica de sus filas.

Mas allá de todas las trabas la lista “A” obtuvo el 61% de los votos, contra la lista “B” de la continuidad que apenas supero un tercio de la votación con un 34%, sin embargo al no cumplirse el Quórum y ante una votación del CGF respecto de validar o no el resultado en virtud del Quórum alcanzado, tendrá que realizarse una nueva elección, sin embargo es previsible la formula que utilizaran nuevamente para seguir fagocitando de esta instancia de representación. Ante esto es importante que los estudiantes de la UCSC, puedan asumir un rol más protagónico que permita restituir la democracia y la participación en la Universidad, además de reinsertar la Federación en el debate estudiantil respecto de un nuevo sistema de educación que ponga al centro los elementos de equidad en el acceso, calidad y vinculación que la educación debe tener, con los grandes desafíos que enfrentamos como país, espíritu que dista mucho de la estrechez con que grupos como el FEL, Los Hijos de Mafalda o los Espartacos conciben los propósitos Federativos.

domingo, 14 de junio de 2009

LA ADOLESCENCIA COMO POLITICA


Hay dos tipos de políticos.

El primero cultiva la ética de la convicción, el otro la ética de la responsabilidad.

Uno de ellos piensa que sólo responde por la pureza de sus ideales, sea cuales fueren sus consecuencias; el otro, en cambio, se siente responsable por las consecuencias y, a la vista de ellas, es capaz de demorar sus ideales.

En Chile ha habido de ambos.

Miguel Enríquez fue de los primeros. Él pensó que la tarea del político era la de mantener viva la llama de la pura convicción, la llama, por ejemplo, de la injusticia del sistema de clases. Él creyó que su tarea consistía, ante todo, en avivar esa llama y se mostró más dispuesto a exhibir la pureza de sus convicciones (incluso al precio de la vida propia y de la ajena) que a hacer lo necesario para realizarlas.

Patricio Aylwin, en cambio, fue de los segundos. Él supo que en la vida democrática los propios ideales -también los tiene firmes- se alcanzan a retazos y que sólo se puede dar un paso cada vez. Él creyó que la política se parecía a horadar lenta y profundamente unas tablas duras (sin nunca ceder a la tentación de romperlas).

La historia política de Chile podría escribirse según cuál tipo de ética ha predominado. Hubo años de la ética de la convicción (es el caso de la izquierda de los setenta). Ha habido años de ética de la responsabilidad (fue la que guió la transición).

Lo que hasta ahora, sin embargo, no se conocía, era una ética que ni tiene convicciones, ni atiende a las consecuencias.

Como quien dice, una ética del vacío.

La inauguró Marco Enríquez-Ominami.

Si atendemos a su discurso (al oírlo uno tiene la impresión de que hace esfuerzos para que la abundancia de palabras oculte la falta de ideas) los conceptos que lo guían son más bien delgados: molestia por el sistema de partidos, una obvia ojeriza hacia la clase política, un porfiado empeño en rencillas personales, una excesiva delectación consigo mismo, algunas cuantas ocurrencias y poco más.

Hay en todo eso algo adolescente. Su adolescencia no deriva de las críticas que formula (algunas de ellas acertadas) sino de la convicción que él (un político profesional, hijo de un político profesional y un heredero de políticos profesionales) no tiene nada que ver con la maldad y la estupidez del sistema que critica.

Es difícil pensar que una figura como esa -huérfana de partidos y embriagada de adolescencia- pueda renovar la política, cambiar el rumbo de la Concertación, sentar las bases de una democracia deliberativa o llevar adelante un proyecto de mejora y reforma del Estado.

Menos si, a contar del viernes, es oficialmente un outsider.

Outsiders ha habido en casi todas las elecciones presidenciales desde 1989. Algunos fueron pintorescos (Francisco Javier Errázuriz), otros dignos (Max-Neef), otros más bien patéticos (Frei Bolívar).

Casi todos -como hoy día Marco Enríquez-Ominami- pensaron que la voluntad individual podía prescindir de los partidos (o inventarlos), que la clase política era torpe y malvada (y ellos en cambio puros y limpios), que el pasado era una obsesión inútil (eran mejores sus sueños), que sus rivales los maldecían y temían (cuando ellos sólo querían competir), que había promesas incumplidas (que ellos por supuesto llevarían a término), que las políticas públicas eran sencillas y fáciles (la derogación de la UF en el caso de Fra Fra, la energía verde en el caso de Max-Neef, las mejoras a la clase media en el caso de Frei Bolívar).

Cada uno de ellos se inventó una narrativa (Fra Fra la del esfuerzo personal, Max-Neef la de los mosquitos, Frei Bolívar la de la empatía), y todos, sin excepción, miraron a las cámaras (y se vieron a sí mismos).

Todos ellos fracasaron. Y no quedó nada.

Y es difícil pensar que con Marco Enríquez-Ominami vaya a ocurrir algo distinto.

Sobre todo si no hay en él (políticamente hablando) ningún rastro de Miguel Enríquez ni de Aylwin, por citar los dos paradigmas de la política chilena.

Ni convicciones incombustibles, ni cálculo responsable de consecuencias.


Carlos Peña, EMOL 14/06/2009.-

viernes, 12 de junio de 2009

Enríquez-Ominami, ni político ni progresista


Por Alexandro Álvarez*
Marco Enríquez-Ominami parece hasta ahora ser un muy buen candidato, pero al mismo tiempo ha dado muestras de no ser un buen político.

La política es una mezcla entre convicciones éticas responsables y la enérgica pretensión de conquista y/o mantenimiento del poder. Es probable que él tenga pretensiones de poder político (aunque resulte confuso por ahora saber cuál es su objetivo precisamente), pero hay buenos motivos para desconfiar de la consistencia y responsabilidad de sus convicciones.

Con los datos actuales, existen dos escenarios posibles de segunda vuelta en la elección presidencial: Piñera/Frei o Piñera/Enríquez-Ominami. Ambos escenarios son extremadamente difíciles para el candidato que enfrente a Piñera. Sin las redes territoriales en el caso de Enríquez o sin poder captar los votos del otro candidato en el caso de Frei, quien enfrente a Piñera en segunda vuelta, es un muy probable perdedor.

El triunfo en la próxima presidencial de una derecha conservadora como la chilena (en la que ni siquiera hay facciones auténticamente liberales) considerando un sistema ultra presidencialista como el nuestro, tendrá efectos bien previsibles en varios ámbitos de la vida pública, tales como los asuntos indígenas; la verdad, la justicia y la reparación aún pendientes en casos de derechos humanos; los derechos de los y las homosexuales; las libertades públicas; la negociación colectiva con actores empoderados; los asuntos medioambientales; las políticas para la reducción de la delincuencia; la política carcelaria; los derechos reproductivos de las mujeres y los derechos de las minorías, por poner unos cuantos ejemplos.

Quien contribuya a ese escenario de previsible retroceso, no puede llamarse progresista sin dar serias muestras de irresponsabilidad política.

Por eso es que el discurso progresista de Enríquez-Ominami no es consistente, como no es consistente su reclamo por las reglas que determinaron la designación del candidato de la Concertación.

Es cierto, urge generar un mecanismo más participativo para la elección de candidatos dentro de las coaliciones políticas en Chile, pero no es aceptable que esa propuesta se haga precisamente por los interesados, en el momento en que perdieron políticamente. No es ético que la haga quien ha construido su plataforma política sobre un espacio que obtuvo precisamente usando las reglas que ahora critica. En efecto, Enríquez-Ominami fue semidesignado diputado por el Partido Socialista y fue participante en el Congreso y la Convención que designaron al candidato presidencial de ese partido. Por ello sus críticas merecen un grave reparo ético y convierten en no confiable a quien dice pretender la máxima autoridad política del país.

En suma, no es justo que Enríquez-Ominami use el traje de político y menos aún lo es que use el de progresista, esos trajes no le pertenecen. Los partidos políticos de la centroizquierda deben replantearse urgentemente y hacer una profunda autocrítica, es cierto, pero las aventuras y los gustos personales sólo son un aporte para la imagen de los aventureros, un gracioso subsidio político al conservadurismo y ninguna contribución para el recambio urgente que necesita el progresismo en Chile.

Es el mismo progresismo de nuestros padres que recorrieron en persona el camino desde la dura experiencia de "avanzar sin transar" y sus consecuencias, hacia la política como comunidad de iguales, como vocación real de cambio, como acción colectiva y responsable. Quien no haya hecho ese aprendizaje, ni es político, ni es progresista; ni siquiera es joven. Es sólo alguien que no ha aprendido, o alguien a quien no le interesa aprender.

*Alexandro Álvarez es abogado y académico.

sábado, 2 de mayo de 2009

Revalorizar la política o sucumbir ante la tecnocracia y el populismo.


Durante la ultima década han emergido distintos discursos que tienen como elemento común, el proponer un cambio radical a la forma de hacer política, esto a partir de un diagnostico y una constatación de la realidad que dice que entre las instituciones con menos reconocimiento ciudadano están las instituciones eminentemente políticas, como los partidos políticos y el congreso. Si bien es innegable este dato, hay que señalar que este es un fenómeno transversal que esta presente desde los países tercermundistas a los desarrollados, y que ha estado presente en Chile desde los inicios de la republica, es decir, no hay una relación directamente proporcional, entre la calidad de la política y el prestigio que esta tenga entre la ciudadanía, no obstante exista una conexión.

Entre estos discursos podemos distinguir dos principalmente; el tecnocratico que señala la imperiosa necesidad de transformar la administración publica y del estado, trasladando mecánicamente practicas y protocolos establecidos en el sector privado al publico indistintamente de la naturaleza de los servicios que este sector preste, esto en aras de la transparencia y la eficiencia. Lo preocupante de esto es que ha ganado importante terreno en sectores que sustentan a la coalición de gobierno, quienes no solo se han limitado a reproducirlo verbalmente, sino que también en implementarlo en algunas áreas, muestra de ello es las responsabilidades de alta dirección publica, los gobiernos corporativos de empresas estatales, etc. los que si bien son un avance en materia de gestión, generan una distancia entre las decisiones que se toman en estas entidades, respecto del cumplimiento de un programa político de coalición y la visión político ideológica que lo inspira. Ello porque la gestión tecnocratica prescinde de la voluntad ciudadana, cree estar por sobre consideraciones que no sean exclusivamente técnicas, contribuyendo entonces al aumento de la brecha entre la acción publica y los requerimientos de las mayorías. Cuando la política sucumbe a este discurso se desnaturaliza ya que por definición esta es un proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones, para la consecución de los objetivos de una mayoría.

En cuanto al populismo, orienta sus propuestas a cambiar a quienes gobiernan y sus respectivas lógicas, acuñando términos como “la clase política” “la clase gobernante”, trazando una línea divisoria entre esta y su neopolítica. Generalmente asume una posición mesiánica, levantando la voz por los sin voz, abusando de frases como “Somos una nueva generación” como si las virtudes y defectos de quienes participan en política, son en razón de la edad. Muchas veces se cae en el panfleteo, la consigna fácil y pegajosa, con muy poco contenido, se moteja a los partidos políticos y a su institucionalidad interna, se insiste en la necesaria “Renovación” transformándose para algunos esto en una verdadera obsesión, el punto es que nunca se señala cuales son las propuestas de renovación, talvez el rasgo mas contemporáneo del populismo sea la farandulizacion de la política o la politización de la farándula si se quiere, con portadas de revistas, facebook con miles de amigos etc.

Si bien ambos fenómenos son perjudiciales, es justo también valorarlos en la medida que surgen como respuesta a los vacíos que la política hoy tiene, tanto el mejorar la gestión, como la búsqueda del recambio, son desafíos centrales que la política y quienes participan en ella deben asumir, técnica/voluntad y continuidad/cambio, son relaciones dialécticas que deben tender en su conjunto a reducir la distancia entre gobernantes y gobernados, pero por sobre todo a establecer mecanismos efectivos de integración en función de mejorar la calidad de vida de la ciudadana en general. El no asumir hoy esta tarea es cederle el paso a gobiernos populistas o de carácter tecnocratico, en desmedro de aquello que la política tiene como misión preservar, “el bien común”.

Vicente Ancaluán Beltrán.

Sinceremos el debate público.


Sr. Director.
Espacio cartas al director diario de Concepcion.
Respecto de la crisis económica que enfrentamos, es necesario sincerar el debate y no utilizar frases cliche o sitios comunes, que retóricamente pueden encender mas que alguna pasión, pero que en términos concretos no constituyen propuestas viables. Señalo esto a partir de la opinión de José Luis Gallego (RN) que es candidato a diputado por el distrito 43 sobre la crisis. Coincido en la necesidad de potenciar a las Pymes, pero no a través de la menor regulación que propone Gallego, sino a través de la generación de incentivos focalizados, como una mayor ponderación en los accesos a los bonos para la contratación, créditos flexibles, ayuda en la reprogramación de las deudas, congelación de las deudas en UF, etc. todas estas propuestas han sido abordadas por el gobierno, sin perjuicio que deban ser profundizadas durante los próximos meses. Por ello no da lo mismo hablar de terminar con el “mar de regulaciones”, como constantemente insiste la derecha, que generar incentivos efectivos, a eso me refiero con sincerar el debate, porque lo que quisiera Gallego en realidad es desregular aun mas la economía, con propuestas como las de José Piñera, que aconseja terminar con la indemnización por años de servicio, terminar con el salario mínimo, sacar al estado de la educación licitando las escuelas, derogar el estatuto docente, etc.

Es decir utilizar las mismas formulas y lógicas desreguladoras que han generado esta crisis económica, y que en Chile, permitió la colusión de las cadenas farmacéuticas y posibilita que esto pase en otros sectores de la economía, en desmedro de los consumidores y pequeños empresarios. Seguramente a Gallego y a Piñera estas recetas les seguirán pareciendo añejas, lejos de ser un nostálgico, soy de los muchos jóvenes que estamos liberados de los dogmas económicos, pero que reconocemos el rol protagónico, que un estado eficiente debe jugar en esta materia.



VICENTE ANCALUAN BELTRAN