
Las sociedades modernas se caracterizan por un alto desarrollo, sofisticación y cobertura de las comunicaciones y de las tecnologías de la información, que cada día imponen a las relaciones tanto personales como colectivas, mayores posibilidades y alcances. Sin duda el debate político en particular durante esta campaña presidencial, ha estado altamente determinado por la profundización de este fenómeno y en parte de manera negativa, especialmente cuando constatamos los altos niveles de mediatización de nuestra sociedad, al punto de que mediante esta, se termina por construir nuevas realidades, anulando a través de la confianza ciega que le profesan sectores importantes del país a los distintos medios, la capacidad de procesar y asimilar la información. Lo anterior no seria tan preocupante, de no existir simultáneamente una concentración excesiva de los medios de comunicación, en manos de un sector política, ideológica y culturalmente representado en la derecha chilena.
Por ello es que resulta particularmente curiosa la efectividad de la estrategia comunicacional desplegada por MEO, y la acogida que esta ha encontrado especialmente en los medios mas comprometidos con la institucionalidad que él plantea transformar, lo que es un dato relevante para entender a quien le sirve la candidatura del diputado. La victimización constante, el oportunismo, el ataque permanente, la descalificación grosera y odiosa, se han constituido en los grandes “recursos” comunicacionales, que han dado sentido a su propuesta de “renovación”. Lo lamentable de esto es la recepción que este mensaje encuentra en un sector nada despreciable de la población y que de una u otra forma pretende a través del desenfado y la virulencia, visibilizar su descontento con la política y con quienes representan a sus formas más tradicionales, particularmente en la Concertación.
La formula escogida por la derecha, tiene muchos puntos en común con la de MEO y en cierto modo es posible evidenciar una cierta complementariedad entre ambas, donde aparentemente hay una organización en la aleatoriedad de los ataques al candidato de la Concertación, inclusive haciendo uso de los mismo tópicos, como el caso del indulto al narcotraficante. La diferencia está, en que es más hábil en entender quien es su verdadera competencia, concentrando sus esfuerzos en ella, al mismo tiempo que deja entrever una abierta simpatía por la candidatura de MEO, lo que contribuye a aumentar la presión sobre la candidatura de Eduardo Frei.
Un punto distintivo si, es la majadería en la utilización de los conceptos de alternancia, cambio, como así también las ya archi conocidas frases que el candidato pronuncia, en cada una de sus intervenciones, como la del trapecista, la puerta giratoria, etc. Se suma a esto afirmaciones demagógicas y populistas, que plantean la generación de 1 millón de empleos, un crecimiento económico de un 6%, terminar con la pobreza y los campamentos, terminar con la delincuencia, etc, y todo esto sin tocar la estructura tributaria del país, la constitución y la legislación laboral. Con esto no solo miente descaradamente, sino que subestima la capacidad de la ciudadanía para determinar la viabilidad de tales propuestas.
Estas situaciones, junto al empeño que los medios han puesto en relevar los episodios conflictivos, las caricaturas, el comidillo político; donde la cobertura comunicacional es posible en la medida que se lanza una frase estridente, ha transformado a este proceso electoral mas en una exposición de las dotes histriónicas y la capacidad mediática de los candidatos, caracterizada por la inmediatez y volatilidad de su discurso, que en la presentación de un programa para gobernar a una Nación que pretende avanzar hacia el desarrollo.
Punto aparte es la estrategia de la Concertación, que ha optado mas por el dialogo directo con la comunidad, que entrar al terreno de la puesta en escena, las performance y la frase para el bronce, sin embargo esto ha reducido la presencia de Frei en los medios, lo que se constata en los estudios al respecto, donde no solo esta teniendo menor cobertura, sino que en base al criterio “favorable” o “desfavorable”, para calificar el tratamiento que recibe de los medios, se evidencia también un trato preferencial tanto para MEO, como para Piñera.
Frente a esta desventaja objetiva, que a medida que entramos en tierra derecha de la campaña se agudizara más, con el insuperable despliegue de recursos económicos que la derecha realizara para copar todos los medios posibles, la única posibilidad existente para comunicar de manera efectiva e inequívoca un proyecto transformador y progresista, es recuperar la mística y la épica, hacerla transmisible y reducir los errores y descoordinaciones que se han generado, además de redoblar los esfuerzos en materia territorial.
Una tarea para el próximo gobierno concertacionista, necesariamente debe ser la democratización y desconcentración de los medios de comunicación, en lo inmediato modificar los criterios del avisaje estatal, que actualmente en el caso de la prensa escrita benefician al duopolio del Mercurio y Copesa, que concentran mas del 85% del avisaje, además de aprovechar la oportunidad que hay en la entrada de la televisión digital, para diversificar y aumentar los medios televisivos, de manera que se represente el conjunto de las visiones hoy no contenidas en el actual sistema, especialmente aquellas iniciativas a nivel comunitario.
Estas medidas entre otras mas, son fundamentales para la profundización de la democracia y para la generación de un contrapeso a un modelo hegemónico que intenta homogeneizar la sociedad, generando sujetos y conductas funcionales a la mantención de un sistema concentrador de la riqueza, basado en el individualismo, exitismo, apatía y la carencia de ideas y proyecciones colectivas de futuro, ni MEO y mucho menos Piñera representan este desafío, es más profitán de este vaciamiento valórico y de contenidos y se ajustan a él a través de sus respectivas estrategias comunicacionales y su marketeria demagoga.
Vicente Ancaluán Beltrán.
Militante Juventud Socialista.






